Somos el tiempo que nos queda

"La infancia de Iván" de Tarkovski

Carta de agradecimiento al profesor Rafa Martín por las meditaciones cartesianas.

Decía el director de cine ruso Andrei Tarkovski que una persona joven debía aprender a pasar tiempo consigo misma, pues es con quien más tiempo va a pasar a lo largo de su vida. La soledad es pues, una necesidad del espíritu que busca contemplar el mundo.

En ese mismo sentido, una de las formas para aprender el autoconocimiento de uno mismo que ya, desde tiempos inmemoriales, el Oráculo de Delfos rezaba, es un aprendizaje que nos llevará la vida entera. Quizá, alguien –no sin razón- preguntará de qué servirá un saber que se va a estar aprendiendo siempre y que nunca concluirá jamás –si por jamás entendemos el tiempo que nos queda a cada uno en el mundo-. Quizá porque no nacemos con una guía de instrucciones para vivir. O quizá porque nosotros -más que ninguna otra especie- vivimos pensando y meditando, es decir, vivimos filosóficamente casi sin darnos cuenta. Somos filosofía hecha carne.

Aprender a tomarse la vida con filosofía, a respirar, a tomarse el tiempo necesario para pensar, es algo que ha pasado de moda y que sólo ermitaños o raros, en un mundo vertiginosamente rápido, se arman de la paciencia necesaria para realizar tan ardua tarea. Vivimos agarrados al miedo de no estar solos. Cada mensaje de whatshaap es un mensaje que revela el pánico contemporáneo a encontrarnos sin una voz amiga. Al mismo tiempo, es el pánico a pasar tiempo conmigo. Pero poca gente se ha detenido a pensar el por qué tanto miedo a la persona que va a acompañarnos el resto de nuestra vida, y así, en vez de conectarnos con el mundo, conectarnos con nosotros mismos.

Desde aquí, quiero dar las gracias al profesor Rafa Martín, por dedicar tiempo de su vida a enseñarnos a vivir en la pregunta, la meditación y el cuidado de sí.

Belén Quejigo

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