Cómo he vivido estos días de proyecto… Los 3 primeros días

Me despierto de forma ordinaria para afrontar el primer día de semana pero esta vez hay algo peculiar. Empiezo a pensar y en mi mente residen ciertas cuestiones sobre lo que vamos a hacer. ¿Qué es eso de Atocha Solidaria? ¿Para qué nos va a servir? ¿Será interesante, aburrido, conseguiremos algo? Finalmente dejo fluir la situación esperando encontrar respuestas y me adentro en clase.

La semana se ha organizado de esta manera:  al principio nos sentamos en clase por grupos y nos dividimos los cargos que realizaremos en el proyecto; yo soy guía y portavoz. Así, cándido e inocente  por todas las tareas que me tocaría realizar y algunas preocupaciones y problemas que satisfacer, bajamos al centro Don Bosco.

Los alumnos de segundo nos cuentan su experiencia, yo cada vez estaba más emocionado, estábamos apunto de hacer algo serio ayudando a los demás, como nos dijeron en la charla de iniciación. Después vamos a clase y elegimos la organización una ONG con la que queríamos trabajar. Un taller y a nuestra casa.

¿Esto era todo? Me di cuenta que sí. Personalmente me sentí decepcionado, iba con altas expectativas que evidentemente me di cuenta que no podrían haber sido cumplidas. Antes de hacer algo hay que organizarlo y seguir unos pasos de toma de contacto. Así, llegó el segundo día

investigaEmpezamos el día en el mismo centro Don Bosco que el lunes, pero esta vez algo percibí que me hizo entrar en tensión: había un cartel, donde había que pegar una cartulina que hicimos el día anterior donde explicamos a todos que ONG u organización habíamos escogido. Salí delante de todo el mundo y a pesar de pronunciar mal algunas palabras por los nervios -cosa que nunca me pasa al hablar en público- seguimos con nuestro trabajo. El día trataba de encontrar un foco de acción a partir de los actos que realizan la organización escogida. Hicimos una pequeña dinámica, después asistí a otro taller de guía para preparar a mi grupo el miércoles, y otra vez a casa. Esta vez me sentí distinto, un poco más contento de ver cómo las cosas iban tornándose a algo con forma y tangible, algo que unas personas tan insultantemente jóvenes podíamos hacer. Así, el martes terminó.

Llega el miércoles, día en el que escribo. Otra vez exponer lo que hicimos ayer, esta vez igual de nervioso pero con un resultado más aceptable, empecé el día de mejor manera. Después otra dinámica: a partir del foco de acción elegimos qué íbamos a hacer realmente, algo que ya fuese posible materializar, algo que en el menor tiempo posible deberíamos hacer con el objetivo de ayudar a nuestra organización.

Después de todo esto, uno se para a pensar. Releo lo que acabo de escribir y todo es muy rápido y en apariencia, superficial. Pero es que así ha sido mi semana.

No ha sido hasta este momento donde me he dado cuenta de las cosas, del pequeño acto que realizamos y con el que podemos hacer la vida más sencilla a una persona al menos, donde por un momento nuestro egocentrismo desaparece para actuar como seres humanos que brindan ayuda.

Epicuro clasificó los placeres en el ser humano, los placeres que llevan a la felicidad, pero para mí el placer que de verdad desemboca en eso es el calor. El calor de una sonrisa, de una mirada con esperanza al ver el tablón de ideas que generamos o, la mirada que en un tiempo se centrará en un niño, por ejemplo. Y, a miércoles, más cerca del fin de la semana que de aquel lunes repleto de cuestiones y expectativas, no lo veo como el fin de unos cinco en los que hacemos algo con una organización, sino el principio de nuestra vida como ciudadanos libres que en nuestra naturaleza está el afán de ayudar, donde nosotros hemos podido sacarlo.

Y después de esta reflexión me gustaría comentar algo muy curioso que he pensado. Y es que cuando he repasado todo lo que he hecho en estos tres días de trabajo intenso, me he dado cuenta de que no ha sido mucho. Sin embargo, la cantidad de trabajo final que actualmente tenemos y hemos generado cada día ha sido mayúsculo. Porque en un grupo donde cada uno pone sus ganas y trabajo, aun siendo pequeño, se puede crear algo grande.

Espero que los dos siguiente días me sigan sorprendiendo como estos primeros.

David Garcimartín de 1ºE.

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