A los Peregrinos de 2018

En el autobús de camino a Madrid, ya casi llegando a Atocha, me pedisteis que dijera unas palabras bonitas.
Mi respuesta fue no, que en ese momento todo lo que diría sería mentira.
No os engañaba, cuando me lo pedisteis estaba tan fundido psicológicamente que todo lo que hubiera dicho hubieran sido palabras huecas y para quedar bien.
Pasados unos días y ya con la cabeza fría y perspectiva (aprender esto chicos, hay dejar pasar un tiempo para decidir y ver las cosas con claridad) creo que es el momento de hablar.

Cada día del Camino habéis puesto mis nervios de profesor a prueba.
Os veía pelear por coger sitio en el albergue, comeros todo y querer repetir aún sabiendo que había gente que todavía no había comido, o perder ropa y material que vuestros padres compraron haciendo un gran esfuerzo y ni siquiera reclamarla. Podría hacer una lista enorme.
Os veía y pensaba ¿Esta gente tan insolidaria es la que tiene que pagarnos la jubilación? ¿Estos chicos son el futuro?

Más de una vez he estado a punto de perder la esperanza, de desesperarme por completo, pero en el momento que más negro veía todo siempre aparecía alguno de vosotros y me hacía cambiar de opinión.
Os vi arropar con todo vuestro corazón al que ese día se levantaba triste, caminar al lado del que no podía más, sonreír a pesar de estar caminando bajo nieve, lluvia y con toneladas de barro.
¡Incluso preguntarnos a los profesores qué tal estábamos!

Sois grandes chicos.
Habéis completado el que ha sido el Camino más duro de los que Salesianos Atocha ha hecho hasta ahora.
No dejéis que este viaje sea sólo una anécdota de las muchas que acabarán llenando vuestras vidas.
Aprender de él, aprender que pasito a pasito y con mucho esfuerzo podéis llegar donde os propongáis.

 

Carlos Martín Canales

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